viernes, 14 de marzo de 2014

La búsqueda de tesoro. Andrea Camilleri


    Tengo libros pendientes de los que hablaros, claro, pero ya sabéis que, estando mi querido comisario Montalbano por medio, todo lo demás tiene que esperar. Y es curioso porque, esta vez, no leí el libro en cuanto cayó en mis manos, no señor, no sé si porque intuía que sería distinto o por qué, el caso es que le tocó aguardar pacientemente en la estantería a que llegara su momento. Esto fue hace un par de semanas.
 
     En medio de una inusitada calma que ya dura más de lo habitual, el comisario y su gente, hartos de pasar el tiempo adelantando papeleo y rellenando crucigramas, tienen que salir a poner orden cuando dos ancianos, conocidos por su fanatismo religioso, se encierran en su casa y comienzan a disparar desde allí a todo el que se acerque. Este es, sin duda, el detonante que hará que, un poco después, Montalbano deba enfrentarse a muñecas hinchables, cartas anónimas, extrañas e inquietantes, y una desaparición más bien siniestra.

     Esta vez tenemos de todo en la historia y, además, no lo tenemos en el orden habitual. Quiero decir que, normalmente, abrimos la trama con un delito y lo cerramos con su resolución, más o menos pero, esta vez, el ambiente de calma chicha y agobiante nos va a acompañar página tras página y vamos a ir recorriendo capítulos sin que ocurra nada pero, a la vez, asistiendo a todo. El delito, el peligro y la acción no ocurrirán hasta estar bien metidos en la trama pero, a pesar de eso, no nos aburriremos ni un poquito con esta lectura.


     Tal vez Camilleri quería que pasáramos un poco más de tiempo con Montalbano, que le acompañáramos sin correr y sin prisas y por eso orquestó este caso de manera diferente, dejando caer las pistas y dejando que el libro nos atrapara y nos fuera introduciendo en el juego inquietante en que se ve envuelto el comisario.

     Ya veis que las cosas van pasando despacio, entonces, pensaréis, ¿no se hace pesada la lectura? En absoluto, Camilleri es un maestro de las palabras y una vez más lo demuestra. No nos aburrimos porque todo lo que ocurre nos interesa, porque la personalidad del comisario sigue siendo tan atractiva como siempre, porque su gente se encarga de hacernos sentir en casa, porque recorrer Sicilia sigue siendo una delicia, aunque sea en esta ambiente que aplasta, porque cada personaje está dibujado a la perfección, y porque ese humor socarrón, un poco negro y bastante gamberro, del que hace gala el escritor, está mucho más presente que en otros libros. Sí, tengo que decir que, aunque todos y cada una de las historia de Montalbano me han arrancado, por lo menos, una carcajada, esta vez he pasado, sin exagerar, toda la primera mitad del libro tronchándome de risa sin poder parar. No sé si a otros lectores de esta serie les pasa, no sé si se ríen tanto como yo acompañando al bueno de Salvo pero, desde luego, nadie puede negar la comicidad de algunas situaciones y la facilidad que tiene Camilleri para mezclar el humor y el drama en sus obras, siempre con respeto y elegancia, pero siendo descarado e irreverente.

     En fin, como siempre, he disfrutado muchísimo de esta novela y no puedo dejar animaros, una vez más, a que conozcáis a este autor grandísimo y a su genial comisario Salvo Montalbano.

viernes, 7 de marzo de 2014

El proyecto esposa. Graeme Simsion


     Últimamente actualizar los blogs está siendo un poco complicado, pero esto no me gusta así que voy a intentar que no pase tanto tiempo entre entrada y entrada. Al fin y al cabo, aunque la mayoría de mis lecturas son infantiles, ¡también caen en mis manos libros de adultos estupendos!
 
 

     Este, por ejemplo, llamó mi atención desde que leí por primera vez la contraportada: «Me llamo Don Tillman, tengo treinta y nueve años y soy profesor adjunto de Genética en la Universidad de Melbourne. Mi trabajo está bien remunerado, me alimento de forma equilibrada y regular, y mi condición física es óptima. En el reino animal, no tendría ninguna dificultad para aparearme, pero en el humano, nunca he logrado tener una segunda cita con la misma mujer. Los motivos de mi fracaso no termino de entenderlos, y como las estadísticas muestran que los hombres casados son, en promedio, más felices y viven más tiempo, he decidido poner en marcha un programa vital para mí, el Proyecto Esposa. A tal fin, he creado un algoritmo perfecto que me permitirá excluir las candidatas inadecuadas: las fumadoras, las impuntuales, las desorganizadas, las que dedican demasiado tiempo a su aspecto exterior... en suma, todas aquellas que no respondan a los estrictos criterios que se exponen en el cuestionario de dieciséis páginas que he elaborado. Este libro es el informe científico —aunque me han explicado que hay que denominarlo novela— acerca del resultado de mi proyecto. Quien lo lea descubrirá que la candidata menos apropiada se llama Rosie; y también encontrará la respuesta a una pregunta fundamental: ¿puede el amor cambiar la vida de una persona, incluso de un individuo como yo?».

     Ya sé que normalmente hago yo el resumen pero, esta vez, me ha parecido que quien mejor podía a contar algo sobre el libro es su propio protagonista, Don, un personaje maravilloso que es quien hace que la historia sea mucho más que una comedia romántica. O, más bien, habría que decir que, sin él, esta sería poco más que una comedia romántica previsible y simplona.

     No estoy muy familiarizada con el Síndrome de Asperger pero, por lo que he leído, el autor se ha documentado con respeto y rigurosidad sobre el tema. Aún así, me imagino que ha tenido que relativizar algunas cosas para poder llevar toda la trama hacia un final, tal vez algo previsible, pero, no por eso menos agradable.


     En realidad, todos imaginamos, al empezar a leer, algo de lo que va a pasar, el pobre Don, tan organizado y cuadriculado, se va a dar de bruces con situaciones que no entiende en absoluto. Y es que su cuestionario, claro, se revelará algo menos eficaz de lo esperado. Don se encontrará, de pronto, actuando de manera totalmente inesperada en él, disfrutando de cosas que antes le habrían resultado impensables y, finalmente, descubriendo sentimientos con los que no había contado en absoluto.   

     Todo esto acompañado de sus mejores amigos Gene y Claudia, un matrimonio un poco peculiar, la peor candidata para el proyecto esposa, Rosie, y todo un elenco de personajes que entran y salen de las páginas ayudando a crear situaciones divertidas y absurdas.

     Es curioso porque, en teoría, las dificultades para socializar las tiene nuestro protagonista, un personaje entrañable y tierno que se gana rápidamente el cariño de los que le conocemos aunque no le entendamos pero, a medida que vamos pasando páginas y vamos empatizando con él, nos damos cuenta de lo absurdas que son, muchas veces, las relaciones humanas, las que creamos los que, supuestamente, no tenemos los problemas de Don. ¿Es esto lo que quiere hacernos ver el autor? Tal vez. Lo que está claro es que consigue hacernos pensar entre sonrisa y sonrisa.


     No sé cómo hiló Graeme Simsion esta historia, ni que le llevó a escribir sobre personas con este trastorno pero, lo que sí tengo claro es que lo hace con muchísimo cariño y esto, junto con el ritmo ágil de la novela y el tono desenfadado que se mantiene a lo largo de ella, convierten El proyecto esposa en un libro muy recomendable y entretenido.

     ¿Ya lo habéis leído? ¿Os ha gustado? Yo, la verdad, he disfrutado mucho con él.

 

    

viernes, 20 de diciembre de 2013

El matrimonio de la señorita Buncle. D. E. Stevenson.


Vaya por delante, antes de escribir esta reseña, que sufro, nuevamente, crisis lectora y que dejo a medias libros que sé que, en otro momento, me hubieran encantado. No los dejo para siempre, también sé que volverá su momento y entonces los disfrutaré como es debido. Pero quería contároslo porque, si bien este es uno de los libros que he terminado y disfrutado, tampoco él ha llegado a mí en el mejor momento.


     Sabéis que El libro de la señorita Buncle me gustó muchísimo, me pareció encantador y con él me reí y tuve una lectura realmente agradable. Por eso, en cuanto pude quise volver a encontrarme con la querida señorita Buncle, ahora, ya la señora Abbott, puesto que se casó, hace 9 meses con su editor, Arthur. Son un matrimonio feliz y llevan una vida apacible y tranquila aunque no todo lo que ellos quisieran. Por eso y porque Bárbara siente que es lo que deben hacer, al comienzo de la novela buscan un nuevo hogar y lo encuentran, claro, en Wandlebury, en la Casa del Arco. Un caserón grande y algo ruinoso al que nuestra protagonista adivina todo su encanto.

     Como es natural, el cambio de domicilio trae de la mano nuevos personajes y nuevas historias por lo que ni el pacífico matrimonio, ni nosotros, podremos aburrirnos ni un momento. Hay mucho que ver en este nuevo lugar y, como era de esperar, Bárbara descubrirá que no todo es como aparenta ser.


     Tengo que decir que esta segunda parte me ha parecido un poco menos fresca que el libro anterior y que los personajes han perdido algo del magnetismo que los caracterizó cuando los conocí. Aún así, he disfrutado de esta lectura, me ha gustado reencontrarme con la señorita Buncle y su perspicacia y me ha encantado poder pasear por los jardines de la Casa del Arco.

     Las nuevas aventuras y los nuevos protagonistas se han ganado con facilidad mi corazoncito lector y es que ya sabéis que me fascinan esos pueblitos ingleses donde el tiempo parece correr de manera diferente al del resto del mundo.


     Bien ambientada, con algún que otro secretillo, con momentos absurdos y algo disparatados, sin perder su toque de humor y su ritmo ligero, El matrimonio de la señorita Buncle, no decepciona a los que ya conocíamos a esta escritora en la sombra. Más bien al contrario, es como un reencuentro con viejos conocidos de los que nos encanta volver a saber.

     Creo que hay un tercer libro que nos narra las aventuras de la señoriat Bucle. No sé si Alba Editorial se animará a publicarlo pero, sinceramente, espero que sí.

     Y como estos días son un poco locos para todos, os envío mis mejores deseos y espero que los disfrutéis de la manera que más os guste.

     Un abrazo a todos y nos leemos.

jueves, 21 de noviembre de 2013

En busca de April. Benjamin Black.


     Hace tiempo que es bastante raro que alguien me regale libros. Salvo mi colega Joaki, del que ya os he hablado, y Jaime, de vez en cuando, casi nadie se anima a rebuscar en las estanterías de una librería algo que traerme a casa. No me entendáis mal, comprendo que, cuando uno lee mucho, acaba siendo complicado porque nadie sabe si este o aquel libro ya te lo has leído, si conoces a este autor tan famoso o si te gustará el nuevo best seller de turno. Es difícil regalar libros y más si no eres muy lector, ¿verdad?

     Por eso, cuando en la celebración de mi último cumpleaños, mi amigo Migue me entregó un paquetito rectangular que dejaba adivinar claramente su contenido, me hizo muchísima ilusión. Y me hizo aún más que el libro que contenía el paquetito fuera totalmente nuevo para mí y ¡policiaco! Sí señores, iba a conocer un nuevo autor y una nueva saga y eso me llenó de alegría y de ganas de empezarlo inmediatamente.


     Garret Quirke, patólogo forense y personaje gris, escéptico y taciturno con un problema de alcoholismo, es el protagonista de las novelas en las que Benjamin Black (seudónimo de Jonh Banville) nos va a mostrar la Irlanda de los años 50, desde distintos ángulos y miradas pero, sobre todo, desde los más oscuros.

     Phoebe, la hija de Quirke está preocupada porque hace semanas que no tiene noticias de su mejor amiga, April Latimer, médico y a la vez, oveja negra de una influyente familia. Cuando llega a la conclusión de que algo malo ha tenido que pasar pide ayuda a su padre quien, recién salido de una clínica de desintoxicación y apoyado por su cuñado Malachy y el inspector de policía Hackett, comenzará una búsqueda llena de obstáculos y habladurías que le llevarán a la conclusión de que, a veces, las cosas son justo lo que parecen.


     Debo decir que este no es el primer libro de la serie de Quirke y que, por lo tanto, en algunos momentos he tenido la sensación de que me había subido al carro a mitad de viaje pero, en general, me ha resultado muy entretenido y he podido seguir la trama perfectamente.

     Dublín debe de ser una ciudad en la que la lluvia y la niebla forman parte de paisaje diario. En esta novela, los personajes y los hechos se funden a la perfección con este ambiente. Todo lo iremos conociendo poco a poco, todo se verá con dificultad en un principio pero se dejará entrever para, finalmente descubrirse claramente. April, a la que casi no conocemos al principio, irá tomando forma página tras página, a pesar de no aparecer en ningún momento y los hechos, lo que pensábamos que podría haber pasado, también se nos irá mostrando a medida que leamos, de manera muy gradual.


     Esta no es una historia de grandes sorpresas pero el camino recorrido en ella es su gran baza. Por lo menos, esa ha sido mi impresión. Su ritmo pausado, la tranquilidad de lo cotidiano, la mezcla del misterio con la vida real, hacen que su lectura sea tranquila y analítica y que a la vuelta de cada página hagamos un nuevo descubrimiento a la vez que se nos plantea una nueva duda.

     En cualquier caso, me ha gustado, os lo recomiendo, sin duda y yo misma volveré a las calles de Dublín, a conocer mejor a Quirke, a Phoebe, su historia común y todas las demás que les rodean.

     Este fue un regalo que me hizo mucha ilusión cuando llegó y que después se reveló como una gran lectura. Mil gracias, amigo.

    

viernes, 25 de octubre de 2013

Las marismas. Arnaldur Indridason.


    Leí en un blog de novela negra que, para los lectores que echábamos de menos al inspector Kurt Wallander (de Henning Mankell), eran muy adecuadas las novelas de otro escritor que viene del norte, esta vez de Islandia y que protagonizan otro policía gris y triste.

     Como yo sí echo de menos al querido Kurt Wallander y releer sus libros no tiene el mismo encanto me animé a conocer a Erlendur Sveinsson, a sus compañeros, Sigurður Óli y Elínborg y un poquito de la ciudad de Reikiavik y sus alrededores.


     En Las marismas, nos encontramos con el cadáver de un anciano en el sótano de un edificio y junto a él la fotografía de la tumba de una niña, enterrada hace muchos, muchos años y una extraña nota en la que se lee “yo soy él”. Para Erlendur, en un primer momento, nada tienen sentido pero, poco a poco, irá desenredando la madeja y descubriendo que el anciano guarda un oscuro pasado y que eso ha llevado a algunas personas a un triste presente.

     Debo decir que, para los nostálgicos como yo, ningún otro policía nórdico al que hayamos conocido después, ocupará el sitio de Wallander pero que Arnaldur Indridason ha conseguido, con sus historias, cautivarme por completo.


     Sabéis que la novela policiaca me encanta y que soy tremendamente fiel a varios inspectores y detectives de distintos lugares del mundo. Los nórdicos tienen de característicos que todos mantienen una atmosfera gris y triste, relaciones familiares complicadas y crímenes de lo más rebuscados, pero algunos, como el policía al que he conocido esta vez, tienen además un rasgo que es el que yo creo que los hace creíbles, humanidad, mucha humanidad. Esto los hace a la vez especiales y le da a sus novelas un toque diferente, más serio, más real.

     Y es que para Erlendur cada víctima es importante, cada historia debe ser respetada y todas las personas se merecen comprensión y respeto hasta que se demuestre lo contrario.


     Por eso y porque los crímenes no caen en lo fácil y lo morboso, es por lo que me ha gustado este libro. La historia mantiene la intriga y el suspense y nos va sorprendiendo poco a poco.

     Además, el ambiente, siempre húmedo de Reikiavik, me ha parecido llamativo y creo que es un caldo de cultivo perfecto para los casos a los que se enfrenta este grupo de policías.

     Después de este he leído otros libros de Arnaldur Issildur y todos me han gustado así que os hablaré de ellos J.

     Un abrazo a todo y nos leemos.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

El mayor Pettigrew se enamora. Helen Simonson.


    Ya iba siendo hora de que volviéramos también con este blog, ¿no os parece? Y aquí estamos, con ganas de contaros y de que nos contéis.

     Este verano he leído mucho y para ser sincera, más de uno y más de dos libros de los que he dicho “qué malísimo es” pero que he devorado y con los que he disfrutado una barbaridad. Os cuento esto porque, aunque yo nunca he sido prejuiciosa en este sentido y leo por gusto y para aprender, me ha sorprendido que los libros que han ido cayendo en mis manos estos meses han sido en gran medida de este corte. Se ve que necesitaba literatura ligera, jeje y os hablaré de muchos de ellos en las próximas entradas.

     Pero hoy no, hoy, para empezar bien el curso, os quiero hablar de uno de los que no ha sido así, de los que me ha gustado por su conjunto y que ha sido una delicia leer.


     Hacía tiempo que quería leer este libro. Me había llamado la atención cuando apareció como novedad en la web de Salamandra, luego me lo había recomendado mi tía y poco a poco, mis padres y algunos blogs de confianza pero, por unas cosas o por otras, no conseguía que llegara a mis manos y su lectura se hizo esperar.

     La semana pasada por fin me hice con él y no tardé ni medio minuto en viajar al tranquilo pueblo de Edgecombe St. Mary, donde se desarrolla la mayor parte de la acción y donde vive el mayor Pettigrew, militar ya retirado, en una casita típicamente inglesa y siendo, como casi todos sus vecinos, amante de las tradiciones y las viejas costumbres.

     Una mañana el mayor recibe una mala noticia y de manera inesperada, recibe consuelo y apoyo de la Sra. Ali, viuda, de origen paquistaní, con la que hasta entonces apenas había hablado y que regenta una tienda de ultramarinos. Para sorpresa de ambos, tienen muchas cosas en común y pronto se dan cuenta de que la mutua compañía les agrada. Pero esta incipiente amistad no tardará en causar revuelo en el pueblo y en ser objeto de dimes y diretes, desconcertando a nuestros protagonistas y dando lugar a situaciones ridículas, cómicas e indignantes a partes iguales.


     Lo primero que debo decir de este libro es que, desde el primer momento, nos vemos metidos de lleno en una vorágine de personajes, cada uno con sus peculiaridades, que hace de este relato un conjunto colorido y varipinto en el que todos tienen algo que aportar. Algunos nos hacen sentir enfado, otros ternura, con unos reímos y con otros sentimos lástima o pena y entendemos su dolor. Hay cabida para todo en esta historia pero siempre contado con optimismo y en positivo, enseñándonos a mirar las cosas desde distintos ángulos y puntos de vista.

     La vida del mayor siempre fue meticulosa y organizada, como él y de repente, todo cambiará y se sorprenderá restando importancia a cosas que fueron fundamentales en otro momento. Con esta dinámica, la autora nos va paseando por situaciones ridículas, serias, absurdas, trepidantes y divertidas y nos descubre que en los pueblecitos tranquilos siempre hay algo que bulle en silencio.


     El mayor, nuestro protagonista, se verá obligado a cuestionarse muchas cosas pero nos mostrará que, aunque rectificar es de sabios, no se deben abandonar los principios y mucho menso si es en teórica defensa de estos mismos principios.

     Este ha sido, para mí, uno de esos libros que me ha dado pena terminar, me ha gustado muchísimo pasear por Edgecombe St. Mary y acompañar al mayor, a la señora Ali, y a los demás personajes. Supongo que me gustaría poder seguir allí y saber más de qué pasó después.

     Pero como eso no puede ser, de momento, yo no puedo más que recomendaros este libro encantador y agradable, lleno de verdades y que con humor y alegría nos muestra que la vida tiene distintas caras y que siempre, siempre, se guarda un as en la manga.

    

miércoles, 31 de julio de 2013

¡Volvemos pronto!


        Ya veis que los blogs andan algo apagadillos y que la tónica, este curso, ha sido un poco menos activa que en años anteriores. No queremos que el curso para el que nos estamos preparando sea así, queremos volver a estar al 100% y ser capaces de llevar todo “palante” y no dejar vuestros comentarios sin responder o no publicar post como es debido. Este año nos hemos visto un poco desbordados pero estamos dispuestos a aprender de nuestros errores.

     Por eso y porque ya lo hemos hecho otros veranos, Matildilla se va de vacaciones en agosto, que creo que se lo merece.

     Yo, María, sigo trabajando y preparándome para que el nuevo curso sea estupendo y para traeros cosas bonitas e interesantes pero andaré poco por la blogosfera o las redes sociales, a veces es necesario cambiar un poco de actividad, ¿no os parece?

     No me queda más que agradeceros, como siempre y con el alma, vuestro apoyo, vuestro cariño y vuestra compañía, nada sería igual si no estuvierais aquí y desearos que lo que queda del verano descanséis y disfrutéis, cada uno como más le apetezca y en la medida de sus posibilidades.


            Un abrazo muy grande y ¡nos vemos pronto!
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