miércoles, 19 de diciembre de 2012

Hoy no hablamos de libros.



     No, hoy voy a cambiar de tema y voy a hacerlo en los tres blogs porque esto me parece importante.

     Ya estamos, como quien dice, en Navidad y grandes y pequeños empezamos a hacer, unos más tímidamente que otros, listas de cosas que nos gustaría que los Reyes Magos nos dejaran en el zapato el día 5 por la noche.

     Estoy segura de que en muchas cartas aparece la petición de un perrito, un gatito o una mascota de cualquier tipo. ¡Es un regalo genial! Seguramente uno de los que más ilusión hace. Cuando yo tenía 10 años los reyes me trajeron un hámster, pequeño y precioso al que, por recomendación de mi padre, llamé Plinio (no os imagináis lo que me costó aprenderme el nombre). No lo había puesto en la carta y cuando lo vi no me lo podía creer, ¡un hámster! Fue una mascota simpática que me enseñó muchas cosas de lo que conlleva tener un animal en casa, de las buenas y de las malas. A nivel personal, para mí fue una alegría.

Zar


     Debo reconocer que mis padres siempre fueron muy generosos en este sentido (y en tantos otros, claro) y a pesar del follón que suponía en muchos aspectos siempre nos dejaron tener animales en casa, tortugas, peces, roedores de varios tipos, pájaros y por fin, Zar, nuestro primer perro, pasaron por allí y nos ayudaron a cuidar de ellos cuando fue necesario. No os digo más que ahora cuidan de la tarántula de mi hermana cuando ella viaja o se traslada por trabajo, que es bastante a menudo.

     Hoy ya tengo mi casa y mi pequeña familia con Jaime, de momento compuesta por nosotros y nuestro bichillos, los conocéis, Byron y Hermione nos acompañan y aguantan con nosotros ratos buenos y malos. También tenemos un acuario con unos peces que soportan nuestros múltiples despistes estoicamente y hace unos meses despedimos a Gibbs, un lagarto al que habíamos adoptado porque sus dueños no podían cuidarlo. En casa de mis padres, además de Okara, la tarántula de la que ya os he hablado, vive Seto, al que adoptamos cuando Zar nos dejó, por una enfermedad, después de 10 años con nosotros.

Seto


     Ya veis, somos una familia muy grande.

     ¿Y por qué os cuento todo esto? Porque sé que a muchas casas llegarán nuevas mascotas estas fiestas y quiero apelar a la responsabilidad de todos,  grandes y pequeños, pero sobre todo grandes. Un animal, como mascota, es un compañero y un amigo y quien no lo sienta así no debería tenerlo. NO ES UN JUGUETE, hay que cuidarlo, mantenerlo limpio y sano, prestarle atención y darle cariño y en todo esto, hay ratos muy buenos y también un poco menos buenos. Un perro no nace sabiendo traer la pelota, ni hacer sus cosas en la calle, un pájaro canta cuando menos te apetece oírlo, un gato rompe las cortinas, un ratón no suele dar la patita y hay que limpiar su jaula con frecuencia… En fin, ¿qué os voy a contar? Estos amigos dan trabajo, ensucian, hacen ruido, no te dejan dormir y un millón de cosas no muy divertidas más. A cambio, es imposible contaros todo lo que nos dan, cómo nos hacen reír, nos entienden, nos aguantan… Yo, desde luego, no puedo expresaros lo agradecida que estoy por haber sido un poco loca y haber abierto la puerta de casa para ellos. Mi casa es un poco caótica, ¡pero nos reímos mucho! Y desde luego nos queremos con locura ;)
Byron



      Hoy en día el mercado de las mascotas es graaande y menos bonito de lo que me gustaría reconocer. Yo soy partidaria de ir a las protectoras, que están llenas y de ellas llegaron Seto y Byron pero los animales que están en las tiendas también tiene derecho a tener un hogar y lo cierto es que no se les trata tampoco muy bien. En fin, donde más os guste, pero siempre con responsabilidad, siendo conscientes de lo que hacéis y teniendo claro que la familia aumentará con todo lo bueno y malo que eso conlleva. Por favor, si no es así, ¡hay un motón de regalos bonitos para hacer! Pero las calles no se pueden seguir llenando de perros y gatos que no saben sobrevivir solos porque nacieron en cautividad, de loros y tortugas que acaban con las especies autóctonas y además no están en el mejor ambiente para ellos, de roedores con camadas enormes que se convierten en plagas. ¡Vamos a ser responsables! Si tenemos animales que sea para quererlos, cuidarlos y respetarlos y si no, no los tengamos.

Hermione


      Y por supuesto, seamos también respetuosos con los demás, que al que no le gusten, no tiene por qué aguantarlos.

      Y ya os he dado la lata bastante por hoy. Os mando un abrazo grande a todos y nos leemos.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Persuasión. Jane Austen.


Por los pelos y además con cambio de título pero aquí estoy con mi aportación a la preciosa idea de Carmen de formar este particular Club Jane Austen.

En un primer momento yo me había pedido reseñar Orgullo y prejuicio (porque era el único que quedaba sin elegir) pero, como siempre, el tiempo se me ha echado encima y cuando por fin me senté a leer, ya muy cerquita de la fecha límite, pensé que, puesto había mucha gente apuntada a este club y que los títulos se repetían de un modo u otro, tal vez era más razonable elegir una novela más corta. Dentro de las que tenía a mi alcance, Persuasión era la más conveniente en este sentido.



Aclarado esto, debo decir que acabo de cerrar el libro por su última página y solo tengo palabras de agradecimiento para Carmen por animarme a volver a encontrarme con esta escritora a la que no leía desde hacía muchísimos años, ¡he disfrutado tanto leyendo, a pesar de las prisas!

Leí a Austen en mis años mozos (más mozos que estos, se entiende) y aunque me gustó, no llegó a hacerlo tanto como para que me sumergiera en su universo como creo que ahora sí pasará. Supongo que, entonces, mis intereses y mi sensibilidad eran otros.

Persuasión es la última novela de esta escritora a la que, si bien no he leído mucho, sí he estudiado un poco y sí ha despertado mi interés en estos últimos años, y en ella nos presentan a Ana Elliot, una joven que ya pasó la edad conveniente para casarse y que vive con su hermana mayor, Isabel y su padre, sir Walter. Su hermana menor, María, se caso hace años y vive, junto a su marido y sus hijos, en las propiedades de los padres de este.

     Ana no parece tener interés en casarse y ha rechazado a algún que otro pretendiente muy adecuado para ella pero tiene una buena razón para hacerlo. Hace años, amó al, hoy, Capitán Frederick Wentworth y se vio obligada a dejarle porque su familia no aprobó un matrimonio con alguien que, en aquel momento, no tenía fortuna ni posición que ofrecerle. Ella no ha olvidado ese amor y el tiempo no ha sido suficiente para hacerle pensar que podría ser feliz junto a otro hombre.



Pero su vida, apacible y tranquila en general, dará un vuelco cuando, el irresponsable tren de vida de su padre y su hermana mayor les obliguen a todos a plantear un cambio de ciudad y entre mudanzas y posibles candidatos a arrendar la casa familiar, ella se traslada a pasar una temporada con María que se encuentra algo delicada de salud.

La casualidad o la vida querrán que su vivienda sea alquilada por la hermana de su antiguo enamorado y esta no tardará en tener un trato cordial con la familia de Carlos, el esposo de María. Así las cosas, nada podrá impedir que, ocho años después de su noviazgo, Ana y el capitán Wentworth vuelvan a encontrarse, removiendo, este encuentro, sentimientos y conciencias.

Supongo que, justo lo que antes me había desanimado para leer más libros de esta autora es lo que hoy me ha cautivado y me ha regalado buenos momentos. La tranquilidad y la calma de sus escritos y los ambientes plácidos y acogedores de sus libros, han conseguido que me sienta calmada y a gusto en un momento en que mi vida es un auténtico torbellino (emocionante y maravilloso, pero torbellino al fin y al cabo). La vida de los protagonistas de estas novelas nos ayudan a apreciar cosas que en nuestro día a día pasan desapercibidas y al leerlas, nos transportan un poco a ellas. En este caso, yo me he sentido feliz de acompañar a Ana, aún sabiendo que, al mismo tiempo, iba a sentirme indignada y ofendida por algunas de las cosas que le suceden.



Y es que, si de algo se habla con respecto a esta escritora, es de su visión del mundo adelantada y valiente para su época y de su defensa del papel de la mujer y la capacidad de esta para ser mucho más de lo que la sociedad le permite.

Por esto y porque no debemos olvidar que es fruto de su época a pesar de su valentía, en ocasiones yo he sentido que me hervía la sangre al ver cómo se limitaban los movimientos de personajes válidos e inteligentes, a causa de las convenciones sociales. O cómo debemos conformarnos viendo que comportamientos ruines y cobardes son justificados o simplemente, admitidos.

Pero. Aún sabiendo todo eso, valorando en las palabras de la escritora hechos que, aún hoy en día debemos lamentar y siendo consciente de que su protesta velada entre sus letras no siempre fue escuchada, a mí leerla me ha transportado. Jane Austen hace una estupenda fotografía de su época y su mundo y nos acerca a la Inglaterra victoriana que hoy nos  cautiva.



Me ha gustado muchísimo formar parte de este club y me alegro en el alma de no haber querido faltar a la cita, a pesar de hacerlo con prisas ya que eso me ha permitido redescubrir unas lecturas que sé que aún tienen mucho que ofrecerme.

No sé si habéis leído esta novela pero, si no lo habéis hecho, no dudéis en conocer un poco más a Ana Elliot porque siempre discreta y correcta, nos mostrará la importancia de ser valiente y consecuente y no contará muchas, muchas cosas interesantes.

Un millón de gracias a Carmen por organizar tantas cosas interesantes en su blog y por regalarme esta oportunidad. En el banner lateral del Club Austen podéis encontrar las reseñas de los demás participantes.

 

        

        

miércoles, 5 de diciembre de 2012

El invierno del mundo. Kent Follet.


    Ya dije la semana pasada que esta sería nuestra próxima reseña y es que, en lo que a sagas y trilogías se refiere, soy de esas que empiezan y si me gustan, sigo y sigo hasta saber qué ha pasado con buenos, malos, regulares y situaciones de todo tipo.

    Debo decir que entre el primer y el segundo libro de la trilogía colé algún librito pequeño para airearme un poco pero no tardé mucho en retomar las andanzas de unos personajes que ya se habían hecho mis amigos.

    Repetimos familias, bien repartidas por el mundo y esta vez, las vamos a ver sufrir mientras el mundo se vuelve loco y se embarca en la Segunda Guerra Mundial.



    Como es natural, han pasado algunos años y mientras los protagonistas de la primera novela se sientan en un discreto segundo plano, sus hijos, ya jóvenes de ideas propias, salen a la palestra y llevan el peso de la mayor parte de la acción.

    Como ya he dicho, esta vez va a ser la Segunda Guerra Mundial la que no ocupe y no sé si es porque la tenemos más cercana en el tiempo, sabemos más de ella o realmente fue más brutal  pero el caso es que esta nueva novela es más dura que la anterior y tal vez un poco más pesada.

    Vemos cómo han crecido personajes a los que dejamos siendo niños y ahora es a ellos a quienes les toca luchar y defender su vida, su país y sus ideales. Puede que por añoranza y sentimentalismo, a mí me hubiera gustado que los protagonistas de la primera entrega hubieran estado más presentes pero, aún así, sabemos qué ha sido de ellos y podemos acompañarles de nuevo. No a todos, es cierto, algunos secundarios que a mí me habían caído muy bien, ahora no aparecen nada más que por alusión pero, aun así, seguimos conociendo su historia.

    Los nuevos protagonistas siguen en la línea de sus predecesores y volvemos a ver buenos y malos (aunque algunos se desmarcan y resultan menos parecidos a sus padres de lo que cabría esperar) y en este caso, a pesar de que evolucionan bastante más, los personajes son incluso más planos que en la primera novela, tal vez porque la realidad que describe es tan arrolladora que no deja sitio a nada más.



    Porque, sí, esta vez tenemos que despedir viejos (o no tan viejos) conocidos, que caen víctimas de una guerra terrible y somos testigos de actos brutales o de situaciones realmente tristes y desesperantes. Vemos surgir la Alemania nazi, con todo lo que eso conlleva, o los momentos en los que parecía todo sería presa de fascismos despiadados, también nos toca asistir al lanzamiento de la bomba atómica (por el que el autor pasa como de puntillas, algo que me ha sorprendido) o a la caída de una Alemania rota en manos de quien la romperá aún más. Como todo eso lo hacemos acompañando a nuestras familias ya conocidas no podemos dejar de mirar de frente el daño que todo esto hizo.   A mí me ha dado la sensación de que, como ya sabemos de qué hablamos, la realidad, en este caso, supera la ficción o, por lo menos, le deja menos espacio del que el autor habría querido darle.

    Se ha señalado mucho que, en esta ocasión, también nos asomamos a España, su dictadura y su resistencia y es curioso ver la imagen que presentan de todo ello desde fura de nuestras fronteras.

    Debo decir que, bajo mi punto de vista, falta, por lo menos, una familia italiana. Me da pena que no se muestre en absoluto todo lo que es S.XX ha supuesto para este país ya que él también tuvo bastante que decir en el movimiento global de ese momento.



    Leyendo este libro yo he pensado mucho, en lo ciegas que somos a veces las personas, en cómo los malos momentos nos llevan a tomar decisiones aún peores  en lo absurdo que es que desde un despacho se decida que otros vayan luchar y a morir y en que el dolor generalizado, ese que sufre mucha gente, no es menos dolor ni menos terrible y a veces se nos olvida.

    Ya veis, a pesar de que seguramente esta entrega sea peor que la anterior, a mí me ha removido aún más cosas y en cierto sentido me ha vuelto a preocupar porque, otra vez, me he dado cuenta de que las situaciones que llevaron a aquella locura no son tan distintas a las que ahora nos toca asistir. Espero que esta vez seamos más inteligentes.

    De nuevo, Follet nos regala una historia entretenida, fácil de leer, que repite “peros”, los de todas sus obras y también nos vuelve a enganchar al libro, sin querer soltarlo para saber más.

    De nuevo lo recomiendo y estoy segura de que la tercera entrega también pasará por mis manos porque ya, hay que saber cómo les va a tantos compañeros de aventura que hemos hecho, me gustará conocer un poco más sobre la Guerra Fría y sus entresijos y lo más probable es que disfrute de su lectura y me entretenga como tanto como estos dos.

jueves, 29 de noviembre de 2012

La caída de los gigantes. Kent Follet.


    Como tantos otros compañeros blogueros yo me vi en la urgencia de leer este libro cuando desde la editorial me ofrecieron muy amablemente el segundo volumen de la trilogía.

    No es que no fuera a leerlo si esto no hubiera pasado, no señor. Me lo habían regalado unos meses antes y esperaba pacientemente su turno. Al ser un libro tremendamente grueso el pobre veía como se iban colando unos y otros en la lista de pendientes y es que, aunque yo suponía que sería de lectura ágil y ligera, no acababa de ver el momento de enfrentarme, de nuevo, a la literatura agridulce de su autor.

    Leí a Kent Follet por primera vez en plenos finales de 5º de carrera. Entre literatura hispanoamericana, gramática histórica (que arrastraba de años anteriores), historia de la lengua y yo qué sé cuántas asignaturas más, necesitaba una lectura fácil y entretenida para antes de ir a dormir. Mi madre, muy sabiamente, me recomendó Los pilares de la tierra y yo, ingenua de mí, pensé que con eso tenía para rato. El libro duró una semana en mis manos y me hizo conocer las características de este escritor, con lo bueno y con lo malo de todas ellas.



    Más adelante volví a encontrarme con él en alguna ocasión pero no llegó a engancharme como con su novela estrella. Por eso, entre otras cosas, me hacía la remolona a la hora de enfrentar esta trilogía que, sabía, me iba a obligar a pasear el libro por todas partes para seguir leyendo pero que a lo mejor no me fascinaba como la primera vez. No olvidemos que La caída de los gigantes tiene más de mil páginas y la que yo tengo en casa no es la edición de bolsillo.

    En fin, que cuando llegó por mensajería  El invierno del mundo, del que hablaremos en la siguiente reseña, decidí que había llegado el momento de reencontrarme con este autor y de paso, de refrescar un poco mis nociones de historia contemporánea, que siempre viene bien.

    En esta trilogía nos vamos a encontrar con una serie de familias, situadas en puntos muy estratégicos del mundo y con ellas vamos a ir siguiendo el desarrollo de algunos de los acontecimientos más importantes del S.XX.

    Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Francia y Rusia van a ser los principales puntos por los que vamos a pasear pero también nos asomaremos a tierras galesas, escocesas y austriacas de la mano de personajes oriundos de las mismas que tendrán mucho o poco que decir pero bastante importante.



    No os voy a presentar a tooooodos los personajes porque creo que os aburriría y además, me parece que lo bonito es que los vayáis conociendo vosotros. Lo que sí os voy a decir es que vale la pena ir viendo la evolución de todos ellos y que el hecho de que esta sea una novela coral hace la lectura más entretenida. Con cada familia vamos a ir conociendo lugares, situaciones y hechos propios de los diferentes países y vamos a acompañarlas a medida que avanza su historia y la de su tierra. Eso es lo que hace de esta lección de historia un cuento largo para mayores, ¿no? Conocemos a los personajes y vemos cómo cambiaron el mundo.

    Sí debo decir que, bajo mi punto de vista, el autor se centra demasiado en la guerra, esta vez en la Primera Guerra Mundial. Es cierto que fue algo fundamental y que sin ella el mundo hoy sería diferente pero el S.XX fue una época de cambios trepidantes y a mí me queda la pena de no haberme asomado a otros lugares o haberme detenido más en algunos acontecimientos.

    Con todo, debo decir que me ha gustado muchísimo conocer más sobre algunos temas que tenía algo despistados. El sufragio universal y la entrada en política de la mujer, pisando fuerte y dando pasos fundamentales para el crecimiento posterior del mal llamado sexo débil o los cambios en la jerarquía de las clases sociales, acercándolas un poco y eliminando algunas barreras. Pero, sobre todo, me ha encantado conocer un poco más la historia de Rusia y de sus gentes. Siempre me ha llamado la atención este país y me encanta que me cuenten cosas sobre él. Debo decir que, Kent Follet nos lo acerca de la mano de una familia cuando menos interesante.

    Además, el texto está bastante bien ambientado con lo que nos resulta fácil pasar del frío de Moscú o las calles de Londres, de la trincheras a los trenes de presidente americano, del interior de una mina a las amplias estancias de Ty Gwyn, la mansión en tierras galesas de los nobles ingleses.



    ¿Pegas? No demasiado graves si tomamos el libro como lo que es. Me ha dado la sensación de que el escritor deja ver demasiado sus preferencias y que, como suele ocurrirle, simplifica en exceso la naturaleza humana con personajes bastante estereotipados. Malos y buenos, siendo, normalmente, los ricos y poderosos los primeros y las clases bajas los segundos, aunque hay excepciones.

    Por otro lado, también es bastante conocido el gusto de este escritor por las escenas fuertes, tanto de violencia como de sexo. No varía mucho en este caso. Quizás las ha atenuado un poco y la violencia es más llevadera pero yo debo decir que, en cuanto al sexo, me cansa que recurra a él tan a menudo sin ofrecer novedades, siempre de la misma manera, nuevamente estereotipada. Me vais a perdonar pero los pechos de las mujeres, si son naturales, no suelen ser turgentes y redondos toda la vida…

    Dicho esto, me ha parecido un libro muy entretenido, de los que enganchan y se leen con facilidad a pesar de su enorme volumen ya que está escrito con mucha agilidad, los diálogos y las escenas de acción se suceden y no nos da tiempo a cansarnos de personajes y hechos por que saltamos continuamente de una lado para otro, acompañando a los protagonistas.

    ¿Lo recomiendo? Sí, pero como eso, lectura entretenida, sin esperar mucho más, en este caso, enriquecida por la lección de historia, más o menos fiel, que nos ayuda a pensar y a recordar que el ser humano es complicado y que vivimos un momento tan frágil como el que llevó a Europa a esa primera locura. Que no se nos olvide, a ver si sabemos actuar con más cabeza y menos prepotencia y orgullo.

miércoles, 10 de octubre de 2012

El verano de los juguetes muertos. Toni Hill.


   Cuando un libro pasea mucho por la blogosfera, antes o después tenemos que fijarnos en él. Una vez que eso ocurre y tras bichearlo con calma, decidimos si queremos leerlo o no.

   Curiosamente, yo no me fijé en este libro sino en el siguiente de la saga, Los buenos suicidas, pero, en general, me gusta conocer a los personajes de este tipo de novela poco a poco así que en la lista de los deseos apunté El verano de los juguetes muertos y me dispuse a esperar a que, de un modo u otro, cayera en mis manos.

   Por eso, cuando mi padre me comentó este verano que los había comprado los dos y que le habían gustado, no me pude resistir y rauda y veloz me traje a casa la primera novela de este autor catalán al que, hasta entonces, no tenía el gusto de conocer.



   Había leído muy buenas reseñas sobre este libro y suponía que me iba a tener entretenida unos días. Efectivamente, así fue.

   Héctor Salgado es un inspector de policía que está momentáneamente retirado de sus funciones por haber hecho uso de una excesiva violencia en un caso. Esto, sumado a un divorcio poco agradable y una situación personal de relativo y comprensible desanimo hacen que, cuando le conocemos, se encuentre en un momento de su vida bastante gris.

   Pero como, si esto fuera así de simple no tendríamos libro, su jefe le pide, medio de tapadillo, que investigue un caso, aparentemente muy claro, de suicidio para tranquilizar a una madre preocupada. Al mismo tiempo, una de sus compañeras sigue trabajando con los hechos que a él le obligaron a tomar vacaciones forzadas, de manera que nosotros, lectores curiosos, nos vamos a poder enterar de todo, todito, lo que pasa en una y otra historia.

   Supongo que lo primero que debo decir es que El verano de los juguetes muertos me ha gustado y que pienso seguir leyendo próximas entregas de las andanzas de este inspector atribulado y taciturno, como buen personaje de novela negra, y de sus compañeras de trabajo.



   La trama, bastante bien construida, mantiene, desvela y añade misterios a medida que vamos pasando las hojas con lo que el libro no se hace pesado en ningún momento y nuestras sospechas pasan de un personaje a otro sin que lleguemos a tener muy claro por dónde van los tiros. No sé vosotros pero yo, que leo novela negra continuamente, agradezco en el alma no tener ni idea de quién es el malo malísimo hasta que el autor nos lo dice y dudar continuamente de unos y otros hace la lectura más interesante y emocionante.

   También me ha gustado la ambientación, Barcelona, una ciudad que conozco menos de lo que quisiera, se nos muestra desde diferentes ángulos y paseamos encantados por barrios buenos, malos y regulares aprendiendo un poquito de cada y haciendo que el misterio tome distintos matices de uno a otro.

   Los personajes, llenos de secretos, como debe ser, cambian de lugar pasando de secundarios a principales o al revés de un modo que a mí me ha gustado mucho y como a algunos los vamos a conocer más de cerca que a otros, el autor juega al despiste, haciéndonos creer que sabemos más de lo que en realidad sabemos y que sospechamos de quien debemos hacerlo.

   Además, como a medida que se resuelven unos misterios, aparecen otros, cuando cerramos el libro aún tenemos muchas preguntas por lo que, es complicado no querer leer la siguiente entrega. Si no me hubiera gustado lo que leí hasta ese momento me habría sentado muy mal este final pero como no ha sido así, cuando le llegue su turno en el riguroso orden del atasco caótico que, sospecho, todos los que escribimos este tipo de blogs, tenemos, seguiré acercándome a esta Barcelona tan negra y a estos personajes que aún tienen mucho que contar.



   Ojo, no quiero decir que en este libro no se cierren los misterios que se tienen que cerrar, ¿eh? Por suerte no es una historia de muchas partes pero claro, la vida de los protagonistas, evidentemente, continúa.

   Solo ha habido una cosa que no me ha gustado de El verano de los juguetes muertos, o, más bien, de su protagonista. En la novela nos dicen que es argentino, incluso que habla “como Messi” pero eso no se refleja prácticamente nada en los diálogos. Para mi gusto, por este motivo, el inspector pierde un poco de credibilidad y su caracterización chirría levemente.

   Dicho todo esto, mi conclusión general es que el libro está bien, es entretenido y consigue que tengamos ganas de seguir leyendo a este autor. Como ha escrito mi padre en la última hoja: “Bueno... “pa” pasar el rato”. Un buen rato, añadiría yo (hay que tener en cuenta que mi padre es muy exigente, pero le ha gustado ;) ).

jueves, 27 de septiembre de 2012

Westwood. Stella Gibbson.


    Ya os había dicho que tenía ganas de leer este libro, me gusta como escribe Stella Gibbson y sus historias siempre me resultan muy agradables y me hacen pasar buenos ratos.

    Tuve suerte (últimamente tengo mucha) y mi amigo librero, el mismo que me regaló por mi cumpleaños El libro de la señorita Buncle, llegó este verano a merendar una tarde con Westwood debajo del brazo.

    En agosto me despedí de vosotros por unos días porque pensaba que los blogs necesitaban un descanso y justo fue en ese momento, tranquila, sin atascos de lecturas y con un solo libro al retortero, cuando aproveché para sumergirme en esta historia tan típicamente inglesa.



    Margaret Streggles es una joven profesora muy aficionada a las ensoñaciones que ha conseguido un buen trabajo en Londres y se muda allí con sus padres. Romántica y con grandes aspiraciones culturales, no tiene muy claro si la idea de encontrar un buen hombre y casarse le atrae demasiado, algo que exaspera a su madre y hace que ella se sienta fea y rara.

    Una noche encuentra una cartilla de racionamiento perdida y cuando va a devolverla se encuentra con una sorpresa y con la posibilidad de dar a su vida un giro y frecuentar ambientes muy parecidos a los que ella ha soñado siempre.

    Si me preguntaran qué pasa en esta novela tendría que decir que pasar, pasar, no pasa mucho, la vida, para varias familias, durante la 2ª Guerra Mundial. Y de hecho, una vida bastante rutinaria, para cada uno a su manera, menos para Margaret que trata de encontrar su lugar en el mundo. Pero es que estamos ante una historia en la que no es necesario que pasen grandes cosas, Stella Gibsson es de esas escritoras que sabe cómo hacer que algo aparentemente sencillo y aburrido se llene de color y que el lector disfrute con el simple hecho de “escuchar” lo que ella quiere contarnos. Londres en otoño, las fiestas de los artistas, un paseo con niños pequeños o la vuelta a casa en metro, se llenan de matices y hacen que nos deslicemos por las palabras, pasando de una a otra y disfrutando de todas ellas.



    Esta ha sido una lectura tranquila y reposada, muy, muy agradable y para mí relativamente sorprendente. Me resulta llamativo que, los libros que se ambientan en tiempos de guerra suelen resultar brutales y tristes. No ocurre esto aquí, no sé si es la flema de los ingleses o que el ser humano se acostumbra a todo pero los bombardeos, las partidas a la guerra de hermanos y novios o los derrumbes de casa por culpa de las bombas aparecen en el libro como un elemento más, tan normal como tomar el té. La guerra está ahí pero nuestros protagonista no dejan que eso frene noi cambie sus vidas, ni siquiera el racionamiento parece afectarles, con lo que hay se come y si hay alguna celebración, algo se apañará.

    Por otro lado da la sensación de que los personajes no cuentan, realmente, con el cariño de la autora que se ríe de todos en una crítica elegante a la sociedad de ese momento. Los artistas aparecen como personajes egoístas y vacíos, sus mujeres son tremendamente frívolas, Margaret, nuestra protagonista, actúa como una niña tonta y deslumbrada en múltiples ocasiones cuando la causa de ese deslumbramiento no merece, en absoluto, el respeto y admiración que ella profesa. Es insegura y no se da cuenta de lo que vale, el hecho de no ser de esas a las que los chicos miran y sacan a pasear le hace sentir poco cosa y de ahí que le cueste, continuamente, darse el lugar que le corresponde.



    Por suerte, a lo largo del libro la veremos evolucionar y cambiar y desde luego, nosotros sí sentimos cariño por ella y deseamos que se dé cuenta de que la vida no se queda vacía sin un marido al que cuidar.

    Los personajes secundarios son los encargados de poner toques de humor y de representar los múltiples tipos que se podían ver en las calles de las grandes ciudades en aquella época dándole a la novela un aire coral que la hace, si cabe, más variada y ligera.

    Personalmente he disfrutado mucho leyendo Westwood y desde luego, la recomiendo y os animo, si aún no lo habéis hecho, a conocer a esta autora que supo reírse de su tiempo con todo y a pesar de todo y que se atrevió a romper cánones y a decir lo que pensaba sin cortarse ni un poquito.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Tengo ganas de leer...

El libro de la señorita Buncle.
 
    Lo descubrí el otro día, gracias a la Semana British de Carmen y me llamó muchísimo la atención.



     El señor Abbott, editor londinense, recibe un manuscrito firmado por un tal «John Smith» que cuenta la vida de un pueblecito inglés inesperadamente trastornado por la aparición de un «niño prodigioso» que toca el caramillo. No sabe si es «una sátira exquisita, solo comparable al primer capítulo deLa abadía de Northanger, o una sencilla crónica de acontecimientos vistos con la mirada inocente de un simple», pero cree que será un éxito y decide publicarla. La novela se titularáEl perturbador de la paz y causará en el pueblecito donde transcurre el mismo revuelo que el niño del caramillo. Todos se ven delatados: en sus secretos, en su pasado, en sus manías y melancolías; es más: algunos empiezan a imitar, como si fuera un vaticinio, las reacciones de los personajes del libro. Y todos quieren, por encima de todo, descubrir quién lo ha escrito.
Quien lo ha escrito no es «John Smith» sino Barbara Buncle, una «cuarentona flacucha y sin estilo» que, acuciada por problemas económicos, ha decidido, después de descartar la cría de gallinas, dedicarse a la literatura.

    Por suerte, podré leerlo ya que me lo ha regalado un amigo por mi cumpleaños. ¡Ya os contaré!

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Dinero molesto. P.G. Wodehouse. Semana British.

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    Vamos allá con mi segunda aportación a la Semana British propuesta por Carmen. La primera lo publiqué en el blog infantil, en el que aún publicaré otra mañana. En el de mis lanas queridas... aún ando dándole vueltas.

    Me costó un poco decidir libro para reseñar en esta semana tan especial. Tenía algunas lecturas muy british pendientes pero por unas cosas o por otras no acababan de cuadrar. En agosto pasé unos días en casa de mis tíos y bicheando las estanterías encontré Dinero molesto de Wodehouse. Ya sabéis que es un autor que me gusta mucho y aunque Carmen ya iba a reseñar uno de sus títulos, a mí me pareció una buena opción para poner mi granito de arena.



    Una de las cosas por las que me llamó la atención de este libro fue que sus protagonistas no eran Jeeves y Woster y que no se desarrollaba en Inglaterra sino en Estados Unidos. Al principio me dio miedo que esto acabara con el fino humor que caracteriza las novelas de Wodehouse o que le hiciera perder encanto. Nada más lejos de la realidad, aunque crucemos el charco nos llevamos en la maleta todo lo necesario para disfrutar de una lectura típicamente británica.

    Lord Dawlish es un joven aristócrata inglés que, a pesar de su título, no goza, en absoluto, de la solvencia económica que cabría esperar. Este hecho no parece molestarle demasiado y su vida transcurre tranquila y apacible a pesar de los continuos reproches que su prometida le hace por ser demasiado generoso, poco interesado y por no hacer nada por mejorar su situación.

    Pero las cosas cambian repentinamente y cuando menos se lo espera, un anciano extravagante al que apenas conoció y que gusta de cambiar su testamento una y otra vez, le deja una herencia millonaria, desposeyendo totalmente a sus familiares de la misma.



    El buen corazón de Lord Dawlish y sus reparos a la hora de aceptar tal cantidad de dinero le harán embarcarse rumbo a la tierra de las oportunidades para tratar de entregar la mitad de la misma a la sobrina de su benefactor. Una vez allí, ¿quién sabe a lo que tendrá que enfrentarse?

    Debo decir que, a pesar de la gran simpatía que siento por Jeeves y Woster, este libro me ha gustado muchísimo y me he reído y divertido con él una barbaridad.

    A pesar del cambio de escenario, las situaciones disparatadas, los personajes encantadores, los no tan encantadores, los diálogos y todo en general, conserva la frescura propia de los libros de este estupendo escritor.

    Lord Dawlish es un auténtico trocito de pan, amable, despistado e inocente y su carácter encantador hace que toda la novela sea encantadora. Acompañado de personajes como su caprichosa novia, la sobrina del estrambótico anciano o el hermano de esta, nos hacen vivir disparatas situaciones y asistir a descabellados diálogos ante los que no podemos más que sonreír.



    Una de las cosas que más me gusta de esta novela es que el ambiente que se respira en ella es siempre distendido y agradable. Incluso los personajes “malos” nos provocan simpatía y eso hace, sin duda, que la lectura nos resulte muy placentera.

    Reconozco que tenía reparos ante la posibilidad de conocer a otros personajes salidos de la pluma de este ingenioso escritor y que pensé que echaría de menos a Jeeves y a Woster pero no ha sido así en absoluto.

    Si tenéis ganas de pasar un buen rato con una lectura ligera y ágil en un ambiente de lo más británico, no lo dudéis, esta puede ser una buena opción.


miércoles, 5 de septiembre de 2012

El cofre del alma. Ann Rosman.


    Ayer retomamos, después de un agosto caluroso, el blog infantil y hoy, no podía ser de otro modo, volvemos a este. Empieza el curso, también, para los libros de adultos y estoy segura de que será interesante y enriquecedor.

    Debo reconocer que mis lecturas de estos días han sido muy tranquilas y relajadas, leyendo un único libro a la vez, paseándolo de un lado a otro y disfrutándolo con calma.

    Con El cofre del alma he vuelto a esas tierras frías que tanto me gustan y he paseado las calles de Marstrand, acompañando a Karin Adler, la protagonista, mientras ella investigaba un caso en el que se las ha tenido que ver, nada más y nada menos, que con brujas.



    Pues sí, porque cuando el cadáver de una mujer decapitada aparece sobre una gran piedra, junto a la fortaleza medieval de Carlsten, poco se imagina Karin hasta qué punto se van a complicar las cosas ni los lejos que debe viajar en el tiempo para que ese terrible crimen, una cabeza humana abandonada en un jardín o la difícil infancia de un niño maltratado comiencen a tener sentido en el rompecabezas de su investigación.

    Me gustan las historias de brujas (que ya se sabe que haberlas, hailas), por eso, este libro tenía, además de una protagonista que me gusta, una ambientación agradable y un misterio interesante, el aliciente de que me contaran un cuento sobre alguna de ellas. Y así ha sido, no me han decepcionado en absoluto y debo decir que lo he pasado muy bien leyendo.

    Además de la acción, nos encontramos con personajes ya conocidos y es una alegría saber más de ellos, pequeños detalles que nos intrigaban en la primera novela de la autora, se resuelven en las páginas de esta, satisfaciendo nuestra curiosidad y ayudándonos a conocer a la gente de Marstrand con la que, suponemos, aún pasaremos muchos ratos.



    Como siempre me ocurre con la literatura policiaca nórdica, me llama la atención el carácter atribulado de muchos de ellos, su manera de resolver las cosas y el tipo de vida que llevan y me gusta leer los tímidos detalles que nos muestran la vida diaria y casera de aquellos lugares.

    Las novelas de Ann Rosman no son, ni mucho menos, de esas que abres y ya no puedes cerrar hasta acabar de leerlas, pero sí tienen un ritmo tranquilo, aunque ágil, que hace que la intriga te acompañe durante toda la lectura. Los datos se van desgranando poco a poco pero eso no hace que la narración sea aburrida, ni mucho menos y además, por lo menos en mi caso, no sospechamos del malo malísimo porque no vamos atando cabos hasta que llevamos ya bastantes páginas leídas.



    En general, el libro me ha gustado y lo recomiendo como una lectura para pasar el rato, está razonablemente bien escrito y se lee con facilidad, la autora no se recrea en los detalles macabros y aunque nos muestra ese lado oscuro de la sociedad sueca que tanto choca con nosotros, también nos enseña un día a día agradable y rutinario, acogedor, con sus ratos buenos y malos que tiene todas las personas y todas las familias. Debo decir que, igual porque no me esperaba más de lo que he encontrado, me parece que esta entrega mejora la anterior y que, sin ser un libro imprescindible, sí es entretenido, sin más pretensiones.

    No sé si habéis leído su primer libro pero, por si acaso, yo os animo a que le deis una oportunidad a esta autora que, bajo mi punto de vista, ha sido capaz de crear una protagonista un poco diferente y que le da personalidad y encanto al conjunto del relato.

    Algunos ya la conocéis, pero como lleva un rato ayudándome a escribir esta reseña (a ella le encanta el número 4 y lo marca continuamente), no me puedo resistir a presentaros a Hermione, compañerita de batallas desde este verano y amiga personal de Byron con quien está destrozando plantas, escondiendo papeles, tirando cosas y convirtiendo esta casa en una simpática locura.



Me alegro de estar de vuelta, tenía ganas de veros ;)

miércoles, 8 de agosto de 2012

Árboles, retos y un descansito.


    Me gustan los árboles, de hecho, me encantan los árboles, me parecen bonitos, soñadores, firmes, compañeros y amables y puedo pasar horas viendo como mueven sus ramas y sus hojas mientras me invento cuentos o simplemente dejo que los pensamientos vayan y vengan a su antojo. Considero que son uno de tantos regalos que nos hacen cuando nos colocan en esta bolita de locos que es el mundo y por eso, cuando me invitaron a formar parte de esta iniciativa me pareció muy buena idea. Desde ahora, mis tres blogs son CO2 neutral y por cada uno de ellos plantarán un arbolito, ¿no os gusta? Vosotros también podéis apuntaros.



     Por otro lado, en el blog Literariamente hablando han puesto en marcha una iniciativa preciosa a la que me he apuntado de mil amores, echadle un vistazo,si ya conocéis la literatura de Grabriel García Márquez y os gusta os encantará y si no, ¡es un momento estupendo para hacerlo!



     Y Carmen, que si no inventa algo no está tranquila, ha vuelto a liarnos con una idea genial. Ya sabéis lo que le gusta Jane Austen, ¿no? Bueno, pues leed, a ver que os parece este nuevo reto, ¿queréis pertenecer al club Jane Austen? Evidentemente, yo sí.



     Finalmente, me despido por una temporadita. Pues sí, estamos en agosto, la mayoría de los blogueros y de los lectores están de vacaciones y Matilda y yo, que seguimos trabajando, vamos aprovechar estos días para dar un descanso a los dos blogs de literatura. Nos parece que ellos y nosotras necesitamos unos días de desconexión para volver con la pilas cargadas, nuevas lecturas y entradas interesantes.

     El blog de labores, que acaba de nacer y tiene poco que ver con mi trabajo, seguirá activo, aunque, eso sí, con calma.



     Y poco más, volvemos en septiembre para dar la bienvenida al otoño, mientras, disfrutad de las vacaciones, el mar, el campo, la piscina, la familia, los amigos y tantas y tantas cosas que la vida nos regala a diario.

     Yo os mando un abrazo inmenso, agradeciendo, como siempre, la compañía y el apoyo. Matilda no puede crecer sin vosotros y eso no se nos olvida :)

jueves, 2 de agosto de 2012

Nunca volveremos a ser las mismas. Brenda H. Lewis.


    En plana crisis lectora y tras dar un buen paso con el libro del que hablamos en la entrada anterior, seguía necesitando libros que me resultaran fáciles de leer y agradables. Tuve suerte, Brenda H. Lewis me ofreció su novela y claro, ante semejante detallazo, ¿qué iba a decir? ¡De mil amores! Y lo cierto es que disfruté muchísimo página tras página, me reí, me indigné y sobre todo me encariñé con una protagonista arrolladora y todo un elenco de personajes entrañables y divertidos. Esta ha sido una lectura estupenda para salir de mi crisis particular.



     Maica está a punto de cumplir 50 años y vive sumida en una frenética vida laboral que compagina con el cuidado de Chin, su hija de 16 años, las clases de danza del vientre o las sesiones con su psicóloga. Todas esas cosas, rodeada de amigas muy peculiares, una madre que trata de liberarse y es encantadora, una perra cariñosa en régimen de acogida y alguna que otra sorpresa.



      No sé exactamente que pretendía la escritora al escribir esta novela pero yo le tengo que enviar un aplauso desde aquí porque me lo he pasado como una enana leyéndola y espero que ella lo pasara igual de bien al crearla.



    Me gustan los libros que te hacen reír, claro, como a todos, (y doy fe de que este hace reír) pero me gustan aún más los libros que nos ayudan a reírte de la vida y de nosotros mismos porque, Maica vive situaciones divertidas y ridículas pero que no se alejan tanto de la vida diaria de cualquiera y tiene miedos y sentimientos con los que todos podemos sentirnos identificados. Que no os engañe su situación de precincuentona separada y menopáusica, la vida nos trae situaciones diferentes a medida que pasan los años pero las personas sentimos muy parecido, nos angustiamos, nos desesperamos, nos ilusionamos... y es estupendo poder reírnos de todo eso, poder quitar hierro a los problemas más serios, ser conscientes de que todo pasa y de todo se sale y de que, la vida, nos regala algunos ratos malos pero siempre con alguna chispa que nos haga verlo menos feo.



     No sé si os animaréis a leer Nunca volveremos a ser la mismas pero yo os lo recomiendo muy mucho. Es una novela divertida y tierna, perfecta para esta época y para los días en que te vas a la cama un poco mustia porque se lee con mucha facilidad, es muy ágil y ligera y realmente nos hace desconectar.



     Hay quien piensa que este tipo de libros aportan poco y no tiene gran cosa que decir. Yo creo que aportan alegría y sonrisas, que ya es mucho y en unos tiempos en que todo son malas noticias, nos animan a ver las buenas, las que no salen en la tele o en el periódico y a mirar la realidad con más ánimo y menos caras largas.



     Desde aquí, mil gracias a Brenda H. Lewis por acordarse de Matilda a la hora de promocionar su obra y por ratos muy frescos en un verano que está siendo un poco axfisiante.

martes, 24 de julio de 2012

El círculo de punto. Ann Hood.

    No sé por qué,en verano siempre me ocurre, entro en una crisis lectora en la que no consigo que ningún libro me enganche y paso semanas desesperada empezando libros que sé que en otro momento me tendrían de lo más entretenida y dejándolos para cuando llegue ese momento con una gran pena del alma mientras busco alguno que me permita terminarlo hasta el final.

    En esta búsqueda estaba cuando, saltando de blog en blog, descubrí este libro que prometía no ser apasionante pero sí agradable y entretenido, algo fundamental en estas crisis en las que casi siempre acabo buscando consuelo en Rosamund Pilcher, y hacer las delicias de una tejedora novata como yo.



    No me decepcionó, resulto ser un libro ideal para el momento que me acompaña, fácil de leer, lleno de historias y del que, además, he aprendido algunas cosas de mi nueva afición.

    Mary ha perdido repentinamente a su hija de 5 años y la vida ha dejado de tener sentido para ella, a pesar de sus esfuerzos, levantarse por la mañana es una tarea titánica y es incapaz de recordar cómo era su vida antes de que la pequeña Stella llegará.

    Para su sorpresa, su madre le insiste en que aprenda a hacer calceta y un día, sin saber muy bien por qué, entra en la tienda de lanas de Alice y deja que ella le enseñe a hacer una bufanda. Pronto irá descubriendo a otras mujeres que, como ella, recalan una tarde a la semana en la tienda y se sientan a hacer labores, a ayudarse con ellas y a hablar, de lo que sea. Pronto descubrirá también que su vida no es la única que sufrió un vuelco y que el movimiento de las agujas es capaz de sanar heridas mejor que cualquier otra cosa.



    Me llamó la atención de este libro que la autora lo escribió después de haber pasado por una experiencia similar. Ella también perdió a su hija y cuenta que, cuando eso pasó, los libros, su refugio en otros momentos, no fueron capaces de darle consuelo. Se veía incapaz de leer y de escribir y las palabras ya no tenían sentido para ella. Tejer le ayudó a recuperar el rumbo de su vida y en este libro vuelca esa idea y nos enseña a todos por qué las lanas la salvaron.

    Este es un libro lleno de historias duras y tristes, no os lo voy a negar, pero siempre vistas desde un punto de vista positivo, incluso cuando sus protagonistas aún no han remontado el mal momento.



    Tal vez os parezca muy similar a El club de los viernes, supongo que es cierto sentido lo es, pero en este caso, a mí me ha dado la sensación de que el dolor que nos muestran es menos gratuito, tiene una finalidad, algo que decirnos y es así porque este es un libro que nos enseña que hasta del golpe más duro puede uno levantarse y que la felicidad vuelve, aún cuando contemos una herida más en el alma y la vida siempre tiene algo bueno que ofrecernos. Es un libro que ayuda a tener esperanza y que nos muestra la vida como es, a veces bonita, otras maravillosa, otras brutal, de vez en cuando, ni fu, ni fa, pero siempre vida y siempre en marcha, creo que esa es una de las cosas por las que me ha gustado.

    Por otro lado, el hecho de que hable de mantas, de jerséis, de bufandas, de ovillos de lanas de colores, de puntos, etc., me ha parecido encantador, me ha dado ideas, me ha enseñado algunos trucos y me ha aclarado algunas dudas. Para mí tenía ese añadido.

Ya veis que tejer en grupo no es nada nuevo.


    Sobre la lanaterapia, debo reconocer que, desde que me inicié en esta nueva historia, alguna que otra persona me ha comentado que tejer le ayudó a pasar un mal momento y la verdad es que lo entiendo perfectamente, a mí me ayuda, me relaja y me reconforta, en general. Me hace sentir bien y animo a todo aquel que tenga ganas de probar pero creo que, cualquier hobby que nos ayude a desconectar y que nos haga pensar y concentrarnos de otra manera, obligándonos a dejar las preocupaciones en un rincón puede ayudarnos a pasar un mal momento. Por eso, en mi opinión, lo fundamental es tener esa ocupación que nos haga sentir bien. 

    Cuando leí lo que contaba la autora de El círculo de punto sobre los libros y las palabras me sentí, por un momento, bastante aterrada, las palabras son mi refugio desde bien pequeña, ¿os podéis imaginar que dejaran de tener esa capacidad? Por suerte, Ann Hood se encontró con las lanas y poco a poco, los libros también volvieron. Supongo que, si buscamos, siempre encontraremos un salvavidas.

    En fin, en general, el libro me ha gustado bastante y lo recomiendo no solo para los tejedores sino para todo el mundo porque a pesar de las historias duras, es agradable y bonito, con personajes entrañables y un mensaje positivo.

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